Es una zona natural situada al sudoeste de Turquía, concretamente en el valle del río Menderes, en la provincia de Denizli. Con una extensión de 2700 m2, está en su totalidad cubierta de una sustancia blanca que, en la distancia, puede recordar a la nieve.
En esta zona de clima templado, lo que cubre esta formación no son sino los residuos de carbonato de calcio y diferentes minerales del agua, que se han ido depositando y solidificando, formando estas pintorescas cascadas y piscinas de caliza.
Si contemplamos este castillo durante el atardecer, las rocas comenzarían a teñirse de color rosa, dándole un aspecto de algodón de azúcar.
Los movimientos tectónicos que tuvieron lugar en la depresión de la falla de la cuenca del río Menderes no sólo causaron frecuentes terremotos sino que también ocasionaron la aparición de numerosas fuentes de aguas termales. Fueron esas aguas, con su alto contenido en minerales las que crearon Pamukkale.
La actividad volcánica subterránea que causa las fuentes termales también causó que se filtrara dióxido de carbono en una cueva de Hierápolis (ciudad antigua construida en la cima de Pamukkale) a la que se llamó cueva de Plutón. Fue bautizada con ese nombre porque la gente que entraba allí moría a causa del gas y se pensaba que era Plutón, Dios de los infiernos, el que enviaba ese gas.